La boda de Willy & Tamara tuvo lugar en un lugar privilegiado. Un precioso jardín al pié de una casita de madera a la que dimos vueltas y vueltas con el fin de sacar el máximo partido. Zona de porche para estacion de aperitivos, iluminación de plantas, elección de tejidos y de la música, proveedores, menú..., y así entre risas fuimos hilando todos los detalles. Desde la elaboración del guión organizativo que nos ocupó mucho más que una tarde, hasta el detalle más pequeño todo fue perfectamente orquestado. Llamadas de teléfono por aquí, quedadas, y hasta carreras de salto de obstáculos hicimos para confabular a todos con todo para cuadrarlo con lo los 5 sentidos.

Tamara estaba radiante, espectacular con su vestido de novia que en todo momento realzó su belleza natural. Un vestido que contaba con doble valor, ya que se trataba del vestido de novia de Pepa, la madre de su actual marido y que se mandó a arreglar especialemente para ella. El ramo lo elaboramos con preciosas flores elegidas una a una por ella misma y no se equivocó, porque lució en sus manos absolutamente integrado en la dulzura y la armonía de sus complementos. No podía estar más bella.

Otra boda evocadora y de ensueño para nuestra lista de logros que nos llena de satisfacción justo en Septiembre, cuando el otoño se acerca y la luz no deslumbra pero llena de matices, cualquier sueño digno de ser soñado.